Que pena si tu felicidad depende de alguien más

Estoy en el balcón de mi cuarto en uno de los hoteles en Acapulco más lujosos que hay, con una vista maravillosa del atardecer, un clima cálido y una brisa que refresca; sin embargo, no soy feliz, ni remotamente. Mis amigos se están divirtiendo en la playa con un grupo de extranjeras que conocieron en el bar del hotel, jugando sus mejores cartas para llevárselas a la cama y yo, pues yo solo pienso en lo mal que me ha ido en la vida. ¡Pero estás en la playa, el dinero no te falta! Pienso. Mi mejor amigo entra a la habitación y me dice una frase que se me clava en el corazón como una daga envenenada y que se quedará por siempre en mi memoria: “Que pena que tu felicidad siempre dependa de alguien más”. Soltó la daga y se fue.

Enciendo un cigarro y veo cómo se va consumiendo con cada bocanada mientras hago un recuento rápido de mi vida y de las veces en las que me he sentido completamente feliz. “Tiene razón”, pienso. Las veces que me he sentido pleno es cuando tengo a alguien a mi lado. Es como si mi felicidad dependiera exclusivamente de ese sentimiento de compañía, de enamoramiento, de sentirte amado. Trato de recordar más momentos felices, los hay, pero no a tal grado como cuando hay alguien. Solo son claroscuros, altibajos durante el día. ¿Cuándo me convertí en un codependiente del amor? ¿Cuándo perdí la capacidad para ser feliz? No lo sé. Pienso en el mejor día de mi vida y solo puedo pensar en la vez que conocí a tal persona, el día que más me he reído también fue con alguien con quien salía, todo conlleva a un acompañamiento. Comienzo a sentir pena por mí. Mientras esté solo seré infeliz. ¿Qué clase de vida es esa?

Cierro mis ojos y los aprieto con tal fuerza como si no quisiera que mis globos oculares escaparan, trato de ir más atrás en mi vida, a mi adolescencia y mi niñez tratando de recordar algún otro momento feliz que no tenga nada que ver con el amor. Algunos destellos de felicidad había durante mi paso por el kínder y la primaria, donde el amor romántico no importa y no duele tanto como en años posteriores. ¿Debo culpar al amor de mi infelicidad? ¿A mi mala suerte por encontrar a la pareja perfecta? Incluso pienso que cuando terminaban conmigo o me rechazaban, no me sentía tan mal, pues en el intento de conquistarla me sentía feliz, me sentía vivo. Sé que no debe ser así, que debo disfrutar de mí y de mi familia, de estar solo. Pero no puedo. Es como si fuera una droga de la cual necesitara estarme inyectando a cada momento. Soy un adicto pero sin dinero suficiente para comprar droga, en este caso, sin suerte suficiente para encontrar pareja. ¿Qué debo hacer? Esa es la pregunta que me atormentara el resto de la noche. El cigarro se consumió y no pienso hacer otra cosa más que dormir.